
Ese día, estaba vendiendo mis bayas para mis nietos cuando un coche de lujo se detuvo a mi lado. En lugar de comprarlas, el conductor las esparció y me exigió que me fuera. Lo que sucedió después me impactó profundamente.
Estaba sentada en la acera, ordenando cuidadosamente mis bayas. Cada fruta era mi trabajo y mi pan para mis hijos y nietos. Parecía que el día transcurriría en paz, como si el aire de la calle estuviera lleno de calidez y calma.
Pero de repente, un joven empresario se acercó en un coche reluciente. Me miró con irritación y dijo bruscamente:
— ¡Sal de aquí! ¡Estás bloqueando el tráfico!
Sonreí y respondí con calma:
—No puedo irme. Estas bayas son mi único ingreso. Al menos llévale algunas a tu madre; son naturales y saludables.
Su rostro se retorció de ira. De repente, agarró mis bayas y las esparció con fuerza por el asfalto. Me dio un vuelco el corazón y me temblaron las manos.
Y entonces ocurrió algo que nunca esperé… Lo que sucedió después me impactó profundamente. Nadie a mi alrededor podría haber previsto este giro, y aún ahora me cuesta creer lo que veo.
Lo que sucedió después superó todas mis expectativas. Los transeúntes, al ver cómo había esparcido mis bayas, comenzaron a acercarse lentamente. Sus miradas eran tensas, sus susurros, ansiosos.
El conductor se quedó desconcertado, tratando de mantener el control, pero cada nuevo sonido, cada paso de la multitud lo irritaba más y más.

Me quedé paralizada, sintiendo el corazón latir con fuerza en mi pecho. Mis dedos aferraron las cajas vacías donde recientemente habían estado las bayas, símbolo de mi labor y el cariño por mis nietos.
La calle parecía una cuerda muy tensa, lista para romperse en cualquier momento.

Y entonces ocurrió algo que jamás podría haber anticipado. Todo sucedió en un instante, dejándome completamente en shock.
Nadie esperaba este giro de los acontecimientos. Incluso ahora, al recordar ese día, cuesta creer que realmente ocurriera.
Leave a Reply