En 1996, en el Zoológico de Brookfield, un niño de 3 años cayó en el recinto de un gorilas y quedó inconsciente. Para sorpresa de todos, Binti Jua, una gorila de 8 años que llevaba a su propia cría, acunó al niño y lo llevó sano y salvo a los rescatistas. Su tierno acto de empatía conmocionó al mundo, demostrando que la compasión trasciende con creces las especies.

Compasión más allá de las especies: El día que Binti Jua salvó a un niño

Chicago, 1996  — En una tarde de verano en   el Zoológico Brookfield  en las afueras de Chicago, un día común de visitas familiares y observación de animales se convirtió en un evento que capturó la atención del mundo y transformó la percepción pública de los zoológicos y las criaturas que albergan.

Un niño de 3 años, que visitaba a su madre, trepó la barrera del recinto de gorilas del zoológico y cayó 5,5 metros dentro del hábitat. La caída lo dejó inconsciente. El pánico cundió entre los espectadores mientras el niño yacía inmóvil en el suelo de cemento, peligrosamente cerca de siete gorilas occidentales de llanura, animales poderosos capaces de matar con facilidad.

Pero en lugar de violencia, la multitud fue testigo de algo extraordinario: empatía.

El incidente

En agosto de 1996, en el zoológico de Brookfield, cerca de Chicago, un niño de 3 años cayó accidentalmente en el recinto de los gorilas occidentales de las tierras bajas y sufrió una lesión en la cabeza por el impacto. Mientras los transeúntes entraban en pánico, Binti Jua, una

Los testigos recuerdan el silencio que se apoderó del zoológico mientras la gente se quedaba sin aliento al ver al niño tendido entre los gorilas. Algunos gritaban, otros lloraban, y muchos temían lo peor. El personal del zoológico se precipitó a la acción, pero su entrada al recinto conllevaba riesgos, no solo para el niño, sino también para los gorilas, que podrían reaccionar a la defensiva.

El grupo de gorilas se movió con curiosidad, pero un individuo dio un paso adelante:  Binti Jua , una gorila hembra de 8 años que llevaba a su bebé de 17 meses en su espalda.

En lugar de agresividad, mostró una calma asombrosa. Binti se acercó al niño, se agachó y lo acunó con ternura. Lo abrazó con fuerza, protegiéndolo de los demás. Tras unos minutos de tensión, lo llevó hasta una puerta donde los cuidadores del zoológico podían alcanzarlo sin peligro.

El niño fue rescatado, llevado de urgencia al hospital y posteriormente se recuperó. El héroe del día no fue un humano, sino un gorila.

¿Quién fue Binti Jua?

En 1996, en el zoológico de Brookfield, Illinois, un niño de 3 años cayó en el recinto de los gorilas y sufrió múltiples lesiones por la caída de 6 metros. Binti Jua, la gorila de la foto, lo acunó con cuidado.

Binti Jua, cuyo nombre significa “Hija del Sol” en suajili, nació en el zoológico de Brookfield en 1988. Era la sobrina de Koko, la famosa gorila que aprendió a comunicarse usando el lenguaje de señas.

A diferencia de Koko, Binti no era conocida por sus proezas lingüísticas, sino por algo más profundo: su instinto maternal y su empatía. Criada en parte por humanos tras ser rechazada por su propia madre, recibió un entrenamiento exhaustivo en comportamientos maternales. Los cuidadores del zoológico la prepararon dándole un peluche para que practicara a sostenerlo, y luego la fueron presentando gradualmente a crías reales. Para cuando ocurrió el incidente de 1996, ya era una madre devota de su bebé, Koola.

Ese día, ella cargó no sólo con su hija, sino también con el peso de la expectativa humana, convirtiéndose sin saberlo en un símbolo de compasión.

Un mundo atónito

La noticia se difundió rápidamente, primero por Chicago y luego por todo el mundo. Las cadenas de televisión retransmitieron las imágenes captadas por los visitantes del zoológico. Los titulares la aclamaron como una heroína:

  • Un gorila acuna a un niño y le salva la vida
  • “Un gigante gentil muestra compasión”
  • Binti Jua, la heroína del zoológico de Brookfield

Para muchos, la historia fue asombrosa porque desafiaba las suposiciones sobre los animales salvajes “peligrosos”. La narrativa no era de salvajismo, sino de dulzura, cuidado maternal e instinto protector.

Las cartas llegaron al zoológico en masa. Algunos enviaron flores. Otros enviaron juguetes para Binti. Los padres contaron la historia a sus hijos como una lección de bondad.

La ciencia de la empatía

Los primatólogos y psicólogos se apresuraron a intervenir: ¿Se trató de empatía, instinto o entrenamiento?

El Dr. Frans de Waal, primatólogo de la Universidad Emory, sugirió que los gorilas y otros grandes simios son capaces de lo que los humanos llamamos empatía. «Reconocen la angustia», dijo, «y a veces toman medidas para consolar a otros, incluso entre especies».

Otros señalaron que la formación de Binti en maternidad pudo haber influido. Al haber aprendido a cargar a los bebés con cuidado, es posible que haya extendido el mismo comportamiento hacia el niño inconsciente.

Pero incluso si el entrenamiento formaba parte del proceso, los científicos coincidieron: la decisión de proteger en lugar de dañar fue notable. Después de todo, los gorilas son animales inmensamente fuertes. Un agarre erróneo o un pequeño gesto de irritación podrían haber matado al niño al instante. En cambio, Binti lo abrazó con extraordinaria ternura.

Ecos de incidentes similares

El  rescate  del Zoológico de Brookfield  no fue la primera vez que un gorila mostraba compasión por un niño. En 1986, en el Zoológico de Jersey, Reino Unido, un niño de 5 años cayó en el recinto de un gorila y perdió el conocimiento. Un gorila espalda plateada llamado Jambo se sentó junto al niño, protegiéndolo, hasta que llegaron los rescatistas. Esa historia también fue noticia internacional.

Estos raros eventos alimentaron debates sobre la profundidad emocional de los grandes simios. ¿Actuaban por instinto? ¿O reconocían su vulnerabilidad y respondían con compasión, como lo harían los humanos?

Percepciones públicas de los zoológicos

El acto de Binti Jua también transformó el debate sobre los zoológicos. En un momento en que los activistas por los derechos de los animales criticaban cada vez más el cautiverio de animales, el incidente ofreció una narrativa de conexión en lugar de división.

Los visitantes vieron a los gorilas no como bestias enjauladas, sino como seres con inteligencia emocional. La asistencia al Zoológico de Brookfield aumentó drásticamente tras el incidente, ya que las familias acudieron con la esperanza de ver al famoso gorila. Durante años, Binti fue un símbolo querido del zoológico, y su historia se contó a las nuevas generaciones de visitantes.

Compasión sin fronteras

Quizás el legado más perdurable del acto de Binti fue la forma en que trascendió las fronteras entre especies. Personas de todo el mundo, desde los suburbios de Chicago hasta continentes lejanos, vieron en su comportamiento un reflejo de lo mejor de la humanidad.

Los líderes religiosos la citaron como un ejemplo de compasión presente en toda la creación. Los educadores usaron su historia para enseñar a los niños sobre la empatía. Los científicos la señalaron como evidencia de las raíces evolutivas del comportamiento moral.

En una época en la que las noticias a menudo se centraban en la violencia y la división, esta fue una historia que unió.

La recuperación del niño

El niño, cuya familia pidió privacidad, se recuperó de sus heridas. Aunque tenía cicatrices físicas de la caída, también cargaba con una historia singular: que un gorila le había salvado la vida. Su identidad ha permanecido en gran medida protegida a lo largo de los años, lo que le ha permitido crecer sin la presión de la atención mundial.

El legado de Binti Jua

Binti Jua vivió como una celebridad discreta. Continuó criando a su hija Koola, quien a su vez se convirtió en madre, extendiendo la línea familiar. Los visitantes solían señalar su recinto con reverencia, recordando “el día que salvó al niño”.

Su legado es de esperanza: que la compasión no es sólo un rasgo humano, sino algo compartido a través del gran árbol de la vida.

A medida que la ciencia del bienestar animal avanzaba en las décadas posteriores, el acto de Binti se invocó con frecuencia para defender el reconocimiento de las capacidades cognitivas y emocionales de los grandes simios. Algunos activistas presionaron para obtener protecciones legales que los reconocieran como “personas no humanas”. Si bien estas iniciativas siguen siendo controvertidas, el poder simbólico de su historia es innegable.

Un recordatorio para la humanidad

Casi tres décadas después, la imagen de Binti Jua sosteniendo a ese niño inconsciente permanece grabada en la memoria. Es una historia que se cuenta en las aulas, en documentales y en debates sobre la empatía.

En un mundo a menudo fracturado por el conflicto, la desigualdad y la crueldad, las acciones de un gorila de 8 años nos recuerdan una profunda verdad: la compasión no se limita a especies, idiomas ni culturas. Es una fuerza universal, presente incluso en los lugares menos esperados.

Ese día de 1996, en el Zoológico de Brookfield, los barrotes de un recinto no nos separaron de otra especie. Al contrario, abrieron una ventana a nuestra capacidad compartida de cuidar.

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